Eso no es falta de voluntad. Tampoco es que estés rota ni que elijas mal.
Es que el patrón no vive en tus decisiones. Vive antes. En tu cuerpo. En tu sistema nervioso. En una memoria emocional que se activó mucho antes de que pudieras elegir nada — y que hoy opera en automático cada vez que alguien que te importa tarda en contestar, se aleja, o manda señales mixtas.
Por eso puedes saber exactamente lo que te hace daño y aun así no poder parar.

Deja de repetir. Empieza a elegir.